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lunes, 9 de junio de 2014

ÉRASE UNA VEZ... un misterio por partes

ACTO VI: EL VENERABLE SOFÁ


- Mariah? Quieres pasar?

Tenía el ánimo bastante sombrío así que la invité a un té, que era lo único que no se había fosilizado en nuestra alacena.

- Quería pedirte disculpas por lo de la bocatería. . .  No tenía que haberme comportado así.

- No pasa nada.

- Supongo que ya habréis encontrado a alguien para el viaje, no?

- Pues la verdad es que no. Ya sabes, hay muy poca gente dispuesta a chupar seis mil quilómetros de carretera para que nos cuadren las cuentas.

- Ya te pedí perdón.

- Sí, perdona, ya está.

Mariah miró la taza del té fijamente, como dándole un respiro a su cuerpo para poner en orden sus pensamientos.

- Estás bien?

- Puedo dormir aquí?

Aquella proposición me sorpredió viniendo de ella.

- Sí claro.

- Sólo dormir.

- No hay problema.

- Es que en mi piso. . . no quiero quedarme sola hoy. Hoy no.

- Sin fallo, yo dormiré en el sofá y tu puedes dormir en mi cama.

- Deja, me conformo con el sofá.

- Jajajjaj, bueno, te aviso de que debe de ser más cómoda la alfombra que el sofá, pero como quieras.

- Tú déjame una manta y un cojín que yo ya me las apaño - sentenció con una sonrisa tímida.

Finalmente Maríah se instaló en nuestro venerable sofá de tres plazas. Recogido de la basura gracias al buen ojo y la falta de vergüenza de Néstor; era una de esas piezas de mobiliario de nuestro piso más preciadas. A pesar de haber sido fumigado con esmero, preferí no contarle a Mariah su sórdido origen.

La chicha se envolvió en una espesa manta que mi madre me había enviado por correo hacía unos meses y descansó el cuello en un viejo cojín. Como yo no tenía mucho sueño, preparé un par de tés y me acomodé en el sofá de orejas.

Hablando con Mariah me di cuenta de que algo le había pasado entre la hora de comer y el momento en el que llamó a mi puerta, pero ella se negaba a contarlo, así que al poco dejé de insistir en el tema y la conversación fue desvaneciéndose.

- No sabes las ganas que tengo de salir de aquí, de escapar de este barrio. . . -  dijo con voz adormecida.

Yo asentí en silencio en la oscuridad.

- Aún quieres que vaya contigo a California?

- Claro, por supuesto - dije sorprendido.

- Mira que es posible que asesine a Néstor en el viaje.

Los dos nos reimos, nerviosos, en la oscuridad.

- Quiero que vengas, por eso te lo pedí.

- Vale.

- Vale?

- Que sí, acepto ir con vosotros.

No podía creerlo.

- Genial!! No te arrepentirás, chula, ya verás!

- No, no, me arrepentiré. . .  pero lo único que quiero ahora es irme de esta ciudad. . .

- Mariah?

Se había quedado roque.

No podía ser verdad, al final las cuentas cuadraban. Finalmente íbamos a hacerlo.





[continuará]











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