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viernes, 4 de julio de 2014

ÉRASE UNA VEZ.. un misterio por partes IX

ACTO IX: EL OLDSMOBILE ROJO


La navaja automática hizo un sonido seco al abrirse.

Parece ser que en los últimos instantes de tu vida ves pasar todos los acontecimientos importantes de tu existencia en una rápida sucesión, como una película demasiado acelerada.

Aquello no podía estar pasando.

Era demasiado pronto.

Jesús, teníamos tantas cosas que hacer. . .!

- A qué venís aquí, payasos? Buscáis pelea? Pues si buscáis pelea habéis venido al sitio indicado!

Hice un amago de moverme, pero fue inútil: en pocos segundos nos encontrábamos rodeados por aquellos tíos.

- Venga, vaciar los bolsillos, y el primero que haga un movimiento en falso lo dejo fiambre.

- A qué te enseño yo la pinta que tiene un fiambre, pringao!?

Miré a Néstor con los ojos como platos: ese puto idiota iba a hacer que nos matasen a todos.

- Qué tienes payaso? Te estás haciendo el hombre delante de esa puta y de la maricona de tu amigo?

- Y tú qué? Piensas que eres un hombre por tener una navaja? Tú eres un puto muñeco que no tiene ni media hostia!.

El pandillero se estaba empezando a cabrear.

- Tienes muchos cojones amigo, no te digo que no. . . pero de que te sirve tener cojones si estás como una cabra? Mira, solo tenía pensado quedarme con vuestro dinero, pero ahora lo vais a pasar muy pero que muy mal.

No podía quedarme quieto. No después de lo que había pasado.

- Mira tío, no queremos problemas. Llévate el dinero, pero déjanos tranquilo ok? No diremos nada.

En ese momento se escuchó un chirrío de neumáticos y un tableteo seco y los pandilleros salieron corriendo como conejos.

Un viejo sedán americano de color rojo cereza había dado un acelerón por la recta, y pude ver por un instante un brazo armado saliendo por la ventanilla trasera. El vehículo llegó al final de la calle y dio media vuelta, parando a nuestro lado.

Yo agarré a Mariah por la mano y estaba a punto de echarme a correr cuando Néstor me agarró por el hombro.

- Tranqui tío, son mis colegas.

Efectivamente, TJ y Little Rog eran los conductores de aquel coche, que resultó ser un Oldsmobile Cutlass coupé, con láminas doradas y neumáticos de flanco blanco. TJ abatió el asiento del acompañante y entramos como pudimos en los asientos de atrás.

El coche aceleró con un suave petardeo del escape y nos alejamos de aquel barrio.

- Jesús chavales! tenéis que perdonar: a Rog y a mi nos surgió un asunto y no pudimos llegar antes... escucha Crazy-N, como se te ha ocurrido traer a estos tortolitos a un barrio así!?

Yo estaba flipando. . . Crazy-N??

- Porque vosotros habías dicho que estaríais aquí, no en la otra punta de Queens, cabrones! Casi nos matan!

- Bah,era el meón de Clarence Salvado y sus nenazas. Pero, por lo general, no hacen mal; supongo que C quería hacerse un hombre delante de los suyos.

Aquellos dos tíos, uno grande como un oso y el otro pequeño y esmirriado, resultaron ser los tío que le suministraban la hierba a Néstor. Por lo visto al llegar vieron que nos rodeaban aquellos tíos y a TJ se le ocurrió  que podría espantarlos dando unos tiros al aire con su Colt M1911. Según él, era la primera vez que la usaba desde que la compró hacia cuatro años, y yo me permití dudar sobre que aquello fuese cierto.

- Veréis, NY es una ciudad muy segura, pero aún así , a pesar de la pasma y el control de armas, hay ciertos sitios que no son muy seguros para los turistas. . . estar tranquilos, os acompañaremos a buscar unas ruedas y no tendréis nada de que preocuparos.

Nuestros ángeles salvadores enfilaron el Oldsmobile hacia un Pizza Hut y nos dispusimos a comer algo, o a intentarlo porque, la verdad es que teníamos el corazón que se nos salía por la boca.

Al bajar del coche me di cuenta de que algo húmedo y caliente se me había escurrido por el brazo.

Miré y vi una mancha roja en mi brazo derecho.

No era mía.

Era de Néstor.

- Néstor tío. . . sangre. . . 

Néstor no sabía a que me refería hasta que se miró el brazo derecho: tenía un corte limpio de uns cuatro centímetros en el dorso del antebrazo y sangraba de una manera bastante abundante.

- Joder tío. . . - dijo con la voz temblándole - me estoy desangrando como un cerdo. . .!

TJ, seguramente acostumbrado a cosas de estas, fue hacia el mostrador y habló con la camarera, la cual le dio una gasa, pero fui yo el que le vendió el brazo de manera provisional.

- Después hay que ir a un hospital, que esa tajada se te puede infectar o algo peor.

- Bah, no es muy honda - respondió Néstor, empachado después de haberse papado el solo una pizza barbacoa tamaño familiar.

- Aún queréis buscar unas ruedas? - dijo TJ - o os llevamos a casa?

Miré a los demás. Mariah no había abierto la boca en todo el viaje y se había encerrado en si misma. Néstor había vuelto a ser el de siempre, y yo. . .

Bueno, yo quería hacer aquella viaje fuera como fuese.

- Sí, queremos un coche.





[continuará. . .]







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